ARIADNA EN NAXOS Hob.XXVIb N.2

Música de Franz Joseph Haynd (1732 - 1809)

Texto anónimo

 

 

Teseo mio ben! Ove sei? Ove sei tu?                                  
Vicino d'averti mi parea,
ma un lusinghiero sogno fallace m'ingannò 
Già sorge in ciel la rosea Aurora
e l'erbe e i fior colora.
Febo uscendo dal mar col crine aurato.
Sposo! Sposo adorato,
dove guidasti il piè?
Forse le fere ad inseguir ti chiama
il tuo nobile ardor!
Ah! vieni, o caro, ed offrirò
più grata preda a tuoi lacci.
Il cor d'Arianna amante
che t'adora costante,
stringi con nodo più tenace
e più bella la face
splenda del nostro amor.
Soffrir non posso
d'esser da te diviso un sol momento.
Ah! di vederti, o caro,
già mi stringe il desio.
Ti sospira il mio cuor.
Vieni! Vieni, idol mio.

Aria 

Dove sei, mio bel tesoro?
Chi t'invola a questo cor?
Se non vieni, io già mi moro,
nè resisto al mio dolor.
Se pietade avete, o Dei,
secondate i voti miei,
a me torni il caro ben.
Dove sei? Teseo! Dove sei?

Recitativo 

Ma, a chi parlo?
Gli accenti Eco ripete sol.
Teseo non m'ode,
Teseo non mi risponde,
e portano le voci e l'aure e l'onde.
Poco da me lontano esser egli dovria.
Salgasi quello che più d'ogni altro
s'alza alpestre scoglio, ivi lo scoprirò.
Che miro? O stelle! Misera me!
Quest'è l'argivo legno!
Greci son quelli! Teseo! 
Ei sulla prora!
Ah! m'ingannassi almen...
no, no, non m'inganno.
Ei fugge, ei qui mi lascia in abbandono.
Più speranza non v'è, tradita io sono.

Teseo! Teseo! M'ascolta! Teseo!
Ma ohimè, vaneggio!
I flutti e il vento lo involano
per sempre agli occhi miei.
Ah! siete ingiusti, o Dei,
se l'empio non punite!
Ingrato! Ingrato!
Perché ti trassi dalla morte?
Dunque tu dovevi tradirmi?
E le promesse? E i giuramenti tuoi?
Spergiuro! Infido!
Hai cor di lasciarmi?
A chi mi volgo?
Da chi pietà sperar?
Già più non reggo, il piè vacilla
e in così amaro istante
sento mancarmi in sen l'alma tremante.

Aria 

Ah! che morir vorrei
in sì fatal momento,
ma al mio crudel tormento
mi serba ingiusto il ciel.
Misera abbandonata,
non ho chi mi consola,
chi tanto amai s'invola,
barbaro ed infedel.



¡Teseo, mi amor! ¿Dónde estás? 
Me pareció que estabas a mi lado, 
¡pero un agradable y falaz sueño me engañó! 
Ya se levanta en el cielo la rosada Aurora 
y Febo, surgiendo del mar con su dorada cabellera,
colorea el césped y las flores.
¡Esposo! Esposo querido, 
¿dónde te has ido? 
¿Quizás la persecución ha hecho desfallecer 
tu noble valentía? 
¡Ah, ven, oh querido, y te ofreceré
la más grata presa para tus trampas!
El amante corazón de Ariadna, 
que te adora fielmente, 
liga con fuertes nudos, 
y más bella la llama
iluminará nuestro amor. 
No puedo sufrir estar separada de ti 
un solo momento.
¡Ah, de verte, amor mío, 
ya me oprime el deseo!
Por ti suspira mi corazón. 
¡Ven, oh ven, ídolo mío!

Aria 

¿Dónde estás, mi bello tesoro? 
¿Quién te arrancó de mi corazón? 
Si no vienes, moriré, 
pues no resisto el dolor. 
Si tenéis piedad ¡oh dioses!
escuchad mi oración
y devolvedme mi querido bien. 
¿Dónde estás? ¡Teseo! ¿Dónde estás? 

Recitativo 

Pero, ¿a quién hablo? 
Las palabras sólo Eco repite. 
Teseo no me oye,
Teseo no me responde
y el viento y las olas llevan lejos mis palabras. 
Él no debería estar lejos de mí. 
Si subo allá, a lo más alto de aquel escollo, 
lo descubriré. 
¿Qué veo?... ¡Oh, estrellas ¡Infeliz de mí! 
¡Ésa es una nave argiva! 
¡Esos hombres son griegos!... ¡Teseo! 
¡Es él el que está en la proa! 
¡Ah, pero podría equivocarme!... 
¡No, no, no hay ningún error!
Él huye y me abandona...
No queda esperanza... he sido engañada. 

¡Teseo!... ¡Teseo!... ¡Óyeme!... ¡Teseo! 
¡Ay de mí, deliro!
Las olas y el viento 
lo alejaron para siempre de mi vista. 
¡Ah, sois injustos, oh dioses,
si no castigáis al traidor! 
¡Ingrato! ¡Ingrato!...
¿Por qué te traje de la muerte? 
¿Por qué debiste traicionarme? 
¿Y la promesa?... ¿Y tu juramento? 
¡Perjuro!... ¡Infiel!
¿Tienes corazón para dejarme?...
¿En quién podré confiar?
¿De quién esperar compasión? 
Ya no resisto más, mis piernas tiemblan 
y en tan amargo instante, siento en el pecho
desfallecer mi alma temblorosa.

Aria 

¡Ah! Morir querría
en tan fatal momento, 
pero a un cruel tormento 
me condena el injusto cielo. 
Mísera y abandonada, 
no tengo quien me consuele, 
el que tanto amé ha huido...
¡Canalla e infiel!



Traducido y Escaneado por:
Luis E. Etcheverry 2006